Hay una historia en la Biblia sobre un hombre llamado Jacob
que lucha durante horas en la ribera del río contra un ángel, y al amanecer, el
ángel le dice a Jacob: “Déjame ir”. Y Jacob le responde: “No te dejaré ir hasta
que me bendigas”. El ángel dice: “Bueno, ¿y cómo te llamas?”
Esta pregunta tiene una historia, Cuando conocemos a Jacob,
mucho antes, intenta engañar a su padre para que piense que es su hermano
mayor, Esau. Porque en esa cultura y en esa época, el padre le daba la
bendición al hermano mayor. Su padre estaba ciego, así que se disfrazó del
hermano mayor. El padre, Isaac, se percata de que algo no va bien… Y le
pregunta: “¿Quién eres?”. Y Jacob responde…: “Soy Esau”.
Cuando conocemos a Jacob por primera vez en la historia está
tratando de ser alguien más, de ser otra persona. Más tarde su hermano Esau se
enteró de lo que había hecho, se enfurece, y amenaza con matarlo, así que Jacob
se va, huye.
En el Antiguo Oriente tu nombre eran más que palabras. Tu
nombre era tu identidad, reflejaba tu carácter, tu sustancia, es decir, aquello
que hace que tú, seas tú. Tu nombre decía quién eras.
Así que cuando el ángel le pregunta a Jacob: “¿Cómo te
llamas?”, la pregunta que le está haciendo en realidad es…: “¿Quién eres?”…
¿Cuánto de nuestro dolor viene de no saber contestar a esa pregunta?
Depués de su resurrección Jesús está cenando con sus
discípulos, y habla con uno de ellos, Pedro, y le da la responsabilidad de
guiar a sus seguidores cuando Él no esté. Jesús le dice a Pedro: “Pedro, ve y
alimenta a mis ovejas”, un modo de decir, cuida de mi iglesia. Jesús le da a
Pedro un llamado, una vocación, algo que hacer con su vida. Y entonces Jesús le
dice: “Pedro, sígueme”. ¿Y cuál es la respuesta de Pedro en este momento
sagrado entre los dos? Pedro mira a uno de los discípulos y pregunta…: “¿Y él
qué?” Y Jesús le dice: “¿Y a ti qué más te da? Tú, sígueme.”
Todos podemos identificarnos con Pedro, cada uno tenemos un
camino único, un llamado, una vida que Dios nos ha dado y que nos invita a ser
como verdaderamente somos, y aún así nos desviamos, nos distraemos, nos fijamos
en cómo somos distintos de ella, no soy como él y nos terminamos haciendo las
preguntas equivocadas… “¿Y él qué? ¿Y ella qué? ¿Y ellos qué?”
Hay gente más inteligente, otros tienen más dinero, otros
más fuertes, otros tienen un cierto tipo de cuerpo. Así son las cosas, nunca
viviremos nuestra verdadera identidad cuando nos comparamos con los que nos
rodean.
“Un corazón en paz, da vida al cuerpo, pero la envidia pudre
los huesos”. “El resentimiento mata al tonto, y la envidia asesina al simple”.
¿Cuánta vida perdemos cuando nos comparamos, nos medimos y
nos juzgamos a nosotros mismos según los que nos rodean? Cuando sentimos celos
de lo que alguien más tiene… O de lo que alguien más… Es.
La lucha de Jacob es la lucha de todos nosotros, nos
preguntan: “¿Cómo te llamas?” Pero a un nivel muy, muy profundo, en realidad
nos están preguntando… “¿Quién eres?”
Tú y yo tenemos pasados, familias, errores que hemos
cometido… Y lo que hemos hecho y donde hemos estado es lo que nos ha convertido hoy en lo que somos.
Así que abrazo tu historia, tus antecedentes. No tienes que estar orgullosos de
ellos, pero debes reclamarlos porque son tuyos.
Sólo cuando somos dueños de nuestra historia por lo que es,
lo bueno, lo malo y lo de en medio, podremos empezar a contestar a la
pregunta…”¿Cómo te llamas?”
¿Desearías ser alguien más o algo más? ¿En aquella familia
en vez de la tuya? ¿Con aquellas habilidades en vez de las que te han dado?
¿Con ese cuerpo en vez del tuyo? ¿A ti qué más te da?
Ella tiene su camino, él tiene su camino, ellos tienen su
camino. Y tú, tienes tu camino.
Todos tenemos limitaciones, hay toda clase de cosas, de
gente, que no somos… Quizás por eso dice Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti
mismo”. ¿Cómo podría yo amar y aceptar a alguien cuando nunca he estado
conforme con quien soy yo, y por lo tanto… con quien no soy?
Hay gente que vive toda su vida según las expectativas de
los demás, ya sea gente de autoridad, padres… Como si hubiera un guión que ya
ha sido escrito por alguien, y lo único que hacemos es actuar… Hay otra gente
que da su vida a las esperanzas, sueños, metas y planes de otras personas. Y en
ese proceso, su identidad, su vida, se pierden… Y otra gente simplemente está
inmovilizada por la culpa o la vergüenza, creen que ya han fallado, que lo han
echado todo a perder y que sus errores y fracasos los definen, y viven con la
sensación de que nunca serán mejor que eso…
Hay un momento en la ribera del río mientras sale el sol en
que Jacob mira al ángel que le ha hecho la pregunta. “¿Cómo te llamas?” Y Jacob
responde: “Soy Jacob”. Jacob ya no quiere fingir, no está intentando ser Esau
ni nadie más. Jacob está listo para ser Jacob, está conforme con la vida que
Dios le ha concedido y es en este momento cuando Dios le llama a su gran misión
como padre de una nación. Es como si Dios le dijera: “¿Estás ya listo para ser
tú? Porque tenemos un montón de trabajo que hacer juntos”.
De lo que necesitamos que nos salven es de todas esas veces
que no hemos sido nosotros mismos, de las veces que hemos intentado ser alguien
más, de todas las mentiras que nos hemos creído sobre a quién hizo Dios, cuando
Dios nos hizo a nosotros… De todas las veces que nos hemos hecho la pregunta
equivocada: “¿Y él qué?” Y no somos capaces de escuchar la voz de Jesús
diciéndonos… “Tú, sígueme.”
Ojalá podamos encontrar nuestro verdadero yo, encontrar el
camino único que Dios tiene paranosotros, y que en todo este proceso… Nos
sintamos cómodos en nuestra propia piel.

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