viernes, 16 de marzo de 2012

Tú mismo.


Hay una historia en la Biblia sobre un hombre llamado Jacob que lucha durante horas en la ribera del río contra un ángel, y al amanecer, el ángel le dice a Jacob: “Déjame ir”. Y Jacob le responde: “No te dejaré ir hasta que me bendigas”. El ángel dice: “Bueno, ¿y cómo te llamas?”
Esta pregunta tiene una historia, Cuando conocemos a Jacob, mucho antes, intenta engañar a su padre para que piense que es su hermano mayor, Esau. Porque en esa cultura y en esa época, el padre le daba la bendición al hermano mayor. Su padre estaba ciego, así que se disfrazó del hermano mayor. El padre, Isaac, se percata de que algo no va bien… Y le pregunta: “¿Quién eres?”. Y Jacob responde…: “Soy Esau”.
Cuando conocemos a Jacob por primera vez en la historia está tratando de ser alguien más, de ser otra persona. Más tarde su hermano Esau se enteró de lo que había hecho, se enfurece, y amenaza con matarlo, así que Jacob se va, huye.
En el Antiguo Oriente tu nombre eran más que palabras. Tu nombre era tu identidad, reflejaba tu carácter, tu sustancia, es decir, aquello que hace que tú, seas tú. Tu nombre decía quién eras.
Así que cuando el ángel le pregunta a Jacob: “¿Cómo te llamas?”, la pregunta que le está haciendo en realidad es…: “¿Quién eres?”… ¿Cuánto de nuestro dolor viene de no saber contestar a esa pregunta?
Depués de su resurrección Jesús está cenando con sus discípulos, y habla con uno de ellos, Pedro, y le da la responsabilidad de guiar a sus seguidores cuando Él no esté. Jesús le dice a Pedro: “Pedro, ve y alimenta a mis ovejas”, un modo de decir, cuida de mi iglesia. Jesús le da a Pedro un llamado, una vocación, algo que hacer con su vida. Y entonces Jesús le dice: “Pedro, sígueme”. ¿Y cuál es la respuesta de Pedro en este momento sagrado entre los dos? Pedro mira a uno de los discípulos y pregunta…: “¿Y él qué?” Y Jesús le dice: “¿Y a ti qué más te da? Tú, sígueme.”
Todos podemos identificarnos con Pedro, cada uno tenemos un camino único, un llamado, una vida que Dios nos ha dado y que nos invita a ser como verdaderamente somos, y aún así nos desviamos, nos distraemos, nos fijamos en cómo somos distintos de ella, no soy como él y nos terminamos haciendo las preguntas equivocadas… “¿Y él qué? ¿Y ella qué? ¿Y ellos qué?”
Hay gente más inteligente, otros tienen más dinero, otros más fuertes, otros tienen un cierto tipo de cuerpo. Así son las cosas, nunca viviremos nuestra verdadera identidad cuando nos comparamos con los que nos rodean.
“Un corazón en paz, da vida al cuerpo, pero la envidia pudre los huesos”. “El resentimiento mata al tonto, y la envidia asesina al simple”.
¿Cuánta vida perdemos cuando nos comparamos, nos medimos y nos juzgamos a nosotros mismos según los que nos rodean? Cuando sentimos celos de lo que alguien más tiene… O de lo que alguien más… Es.
La lucha de Jacob es la lucha de todos nosotros, nos preguntan: “¿Cómo te llamas?” Pero a un nivel muy, muy profundo, en realidad nos están preguntando… “¿Quién eres?”
Tú y yo tenemos pasados, familias, errores que hemos cometido… Y lo que hemos hecho y donde hemos estado es  lo que nos ha convertido hoy en lo que somos. Así que abrazo tu historia, tus antecedentes. No tienes que estar orgullosos de ellos, pero debes reclamarlos porque son tuyos.
Sólo cuando somos dueños de nuestra historia por lo que es, lo bueno, lo malo y lo de en medio, podremos empezar a contestar a la pregunta…”¿Cómo te llamas?”
¿Desearías ser alguien más o algo más? ¿En aquella familia en vez de la tuya? ¿Con aquellas habilidades en vez de las que te han dado? ¿Con ese cuerpo en vez del tuyo? ¿A ti qué más te da?
Ella tiene su camino, él tiene su camino, ellos tienen su camino. Y tú, tienes tu camino.
Todos tenemos limitaciones, hay toda clase de cosas, de gente, que no somos… Quizás por eso dice Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Cómo podría yo amar y aceptar a alguien cuando nunca he estado conforme con quien soy yo, y por lo tanto… con quien no soy?
Hay gente que vive toda su vida según las expectativas de los demás, ya sea gente de autoridad, padres… Como si hubiera un guión que ya ha sido escrito por alguien, y lo único que hacemos es actuar… Hay otra gente que da su vida a las esperanzas, sueños, metas y planes de otras personas. Y en ese proceso, su identidad, su vida, se pierden… Y otra gente simplemente está inmovilizada por la culpa o la vergüenza, creen que ya han fallado, que lo han echado todo a perder y que sus errores y fracasos los definen, y viven con la sensación de que nunca serán mejor que eso…
Hay un momento en la ribera del río mientras sale el sol en que Jacob mira al ángel que le ha hecho la pregunta. “¿Cómo te llamas?” Y Jacob responde: “Soy Jacob”. Jacob ya no quiere fingir, no está intentando ser Esau ni nadie más. Jacob está listo para ser Jacob, está conforme con la vida que Dios le ha concedido y es en este momento cuando Dios le llama a su gran misión como padre de una nación. Es como si Dios le dijera: “¿Estás ya listo para ser tú? Porque tenemos un montón de trabajo que hacer juntos”.
De lo que necesitamos que nos salven es de todas esas veces que no hemos sido nosotros mismos, de las veces que hemos intentado ser alguien más, de todas las mentiras que nos hemos creído sobre a quién hizo Dios, cuando Dios nos hizo a nosotros… De todas las veces que nos hemos hecho la pregunta equivocada: “¿Y él qué?” Y no somos capaces de escuchar la voz de Jesús diciéndonos… “Tú, sígueme.”
Ojalá podamos encontrar nuestro verdadero yo, encontrar el camino único que Dios tiene paranosotros, y que en todo este proceso… Nos sintamos cómodos en nuestra propia piel.

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